Epílogo(Del libro ARMENIA,POESÍA 47)
En 1915 la mayoría de la población armenia de Turquía fue deportada o asesinada.
Más que cualquier otra cosa, la tragedia fue el resultado de la brutal manipulación de las grandes potencias europeas con Turquía: para debilitar al ya de antemano exangüe país apoyaron cínicamente a un movimiento de liberación armenio que, entre otras cosas, debido a sus acciones terroristas muy pronto se convirtió en una espina en el ojo para el gobierno turco aunque se sabía muy bien que este movimiento de liberación nunca alcanzaría su objetivo por la sencilla razón de que los armenios eran una minoría en la mayor parte de los territorios donde vivían. La mayoría de la población de la zona eran nómadas kurdos.
Para el gobierno de Estambul lo más sencillo fue encomendar el trabajo sucio a los kurdos, cuando se hizo evidente que el débil Estado turco no podía permitirse el lujo de tener un problema armenio. El ejército turco, que se había modernizado y estaba siendo entrenado entonces por oficiales alemanes, participó cuando se consideró necesario.
Nadie sabe con exactitud el número de muertos. Las cifras que se dan varían entre los 200.000 y 1.500.000, lo que dice bastante de la fiabilidad de las fuentes.
La visión que los europeos han tenido de los turcos a lo largo de los siglos ha sido y sigue siendo racista. Nada más lejos de mi intención el alimentar este racismo. Por eso tengo que señalar que, después de haber estudiado un gran número de documentos, me he convencido de que la dimensión de la tragedia en cierto grado ha sido exagerada a causa de los prejuicios de los observadores occidentales. Eran cristianos los que sufrieron la persecución, las víctimas. La historiografía occidental les debe a los turcos un desagravio por las descalificaciones multiseculares.
En este contexto tengo también la sensación de que debo tomar distancia de las acciones terroristas que los armenios han resucitado en los últimos tiempos. Quienesquiera que fuesen los responsable de la tragedia armenia todos están muertos. Bombas lanzadas con más de más de medio siglo de retraso sólo pueden hacer blanco al revés.
Pero ¿cuándo han querido los seres humanos aprender de su historia?
TANGA
- Ferreira Gullar(Del libro MURMULLOS)
Había lo que uno veía
y lo que no veía:
la mañana luminosa
encubría la tiniebla
abisal y vieja de los espacios.
El mar rompía
frente a Farme de Amoedo1 y allí
en la arena
apenas se oía si se oía.
Y de repente ella surgía
y reía por entre el pelo
la pala en la mano
y se movía
¡ah, como se movía!
Y en esa traslación nos descubría
sus fases solares:
el hombro
el dorso
el culo
¿lunar?
¿estelar?
el culo
que (bajo un pétalo
azul)
me sonreía, celeste
1 La calle Farme de Amoedo, perpendicular a la mítica playa de Ipanema, en el barrio del mismo nombre. Es en dicha playa donde se sitúa la escena de la que habla el poema.
INTEGRALES - Srecko Kosovel (POESÍA 38)
Versos
Los versos han perdido su valor.
Los versos no convencen.
¿Has oído el crujir de las ruedas?
Que el poema sea el crujir del dolor.
¡Adónde con los clichés, querido hablante!
Guarde los clichés en los museos.
Sus palabras deben tener fricción
para atrapar el corazón humano.
Todo ha perdido su valor.
La mar blanca de la noche primaveral
se derrama por los campos, los jardines.
El presentimiento del futuro nos roza al pasar.
84 POEMAS Henrik Nordbrandt (POESÍA 39)
62. PLANETA
Me pregunto si en algún lugar del universo habrá
un planeta en el que nuestros metales sean líquidos
y en el que sus habitantes naden
en ríos de bronce y hierro.
¿Habrá pájaros que canten en la calma de la tarde
en árboles regados con platino?
¿Y habrá tal vez una mujer que después del baño
se arregle el pelo ante un espejo
hecho de un material tan duro
que pueda devolver la mirada de una diosa?
En eso pienso a la luz de la luna
que derrite ciertas cosas y petrifica otras
como si pudiese suspender las leyes de la naturaleza
y hasta disolver un diamante en un vaso de vino
abandonado en una mesa en un patio vacío.
Del libro CRÁTER de Pilar Salamanca (NARRATIVA 56)
Al principio fue para mí la curiosidad. Y luego Abdo Rimbo: el hambriento sin conciencia, el poeta, el monolito tronchado por un rayo que, según decían, había huido para ocultar los fragmentos y procurarse un nuevo nombre como tratante de esclavos y hombre de negocios. Oculto bajo la apariencia de un joven alto, de rostro enjuto y cabellos descoloridos por el sol, Rimbo desembarca en Steamer Point, el puerto árabe de Adén, un día de agosto de 1880, y allí desaparece. El poeta ha muerto ¡Viva el poeta! O al menos eso es lo que yo creía hasta hace apenas un año, y aún después, ya que, a pesar de todo lo que he ido averiguando sobre él, seguía sin quitarme de la cabeza esa su imagen raída de ademanes bruscos que arrastra un baúl desvencijado por el malecón de hierro fundido, camino del muelle, mientras tiembla de fiebre. Había aprendido de memoria algunos de sus versos ... carros de plata y de cobre / Las proas de acero y de plata / Baten la espuma y anécdotas sobre él que había oído y que, si las repaso mentalmente, si pienso que lo llamaban maldito y lo conocían como genio infame, famoso por su admiración a criminales, borrachos y otras gentes de mal vivir, en guerra con las normas civilizadas, si intento imaginar que escribía, escribía a la luz de un candil en las noches sin fin entre Adén y Somalia o que era capaz de huir lejos de cualquier parte no para que no le encontrasen, sino, en el fondo, por miedo a encontrarse, tengo que hacer un verdadero esfuerzo para aceptar que su vida en Yemen no es pura leyenda.
Del libro TRES CUADERNOS Y UN DESTINO de Pako Aristi (NARRATIVA 55)
El libro favorable
Me gustaría escribir este libro
para quien aspire a cambiar su vida.
Que sea fácil de llevar en la mochila,
capaz de iluminar en llamas una noche,
y que albergue palabras para dormir juntos.
Me gustaría dedicarlo al enamorado,
a quien enciende el infinito
en un gesto nuevo,
y que sea como un cielo
que todo lo comprende y todo lo cura,
un libro que pueda caber en el bolsillo de la chaqueta,
y demostrar así que Neruda no llevaba razón.
Quiero escribir a la persona que mira al océano
y prepara su último impulso,
no para contradecir las razones de su eco,
sino para recordarle que hay otra voz
que reclama que siga vivo,
un libro que diga el límite preciso del silencio.
Quiero escribir a quien haga de la vida
un lugar donde vivir,
con la esperanza de que yo mismo,
que no supe hacerlo,
que perdí el corazón lleno de amor,
que sonreí de tristeza en los acantilados,
pueda sacar fuerzas de mi propia flaqueza.
Del
libro El Señor de los jardines negros" de André-Marcel
Adamek
A tres kilómetros del caserío, al otro lado del valle, los
jardines negros se extienden a lo largo de doscientas hectáreas.
Así se llaman los eriales que rodean el antiguo pueblo de Champleure,
aniquilado por la epidemia de peste de 1709. Algunos lienzos del muro aún
sobreviven por entre los zarzales, los codesos y los endrinos espinosos.
El armazón desnudo de la capilla, donde aún quedan enganchados
algunos trozos de pizarra, se eriza por las noches lleno de lechuzas de
plumaje nevoso que lanzan a las estrellas su aullido de tortura. Aún
mana la antigua fuente sepultada entre la maleza, y a veces, en las noches
muy puras, en la ausencia total de viento, su canto llega hasta aquí.
Del libro "Fuera del relato", una biografía
aproximada de Lautréamont, de Silvia Guerra
Ni un dato de ese nombre que fui quiero que quede, es mi voluntad borrarme,
mi voluntad salirme de la foto, evaporarme, evadirme. Aquí tenéis
el pebetero donde arde el incienso de las religiones. Lo que queda
ajeno de mí mismo se borrará con la humedad. Se borrará
en la próxima guerra que asole al Uruguay, con los próximos
bárbaros que arrasen esa tierra purpúrea. Se perderá
en el traslado de las cosas que queden en París, se perderá
una caja, nadie vendrá a buscar lo que se salve sino tres años
después, cajas que pasarán de un depósito a otro. ¿Quién
abre la puerta de mi cámara funeraria?.
Ni una impresión en vidrios, nadie sabrá quién fui,
ni si fui amado nunca, ni el tacto de mi mano sobre ninguna cumbre. Me evaporaré,
vaho en el espejo por el que no pasé: Musa, espejo, piano, invento
más sumado, ese yo repetido que disperso no cese. «Solo escribía
durante la noche sentado delante del piano. Su habitación, muy oscura,
estaba amueblada con una cama, dos baúles llenos de libros y un piano
vertical. Bebía gran cantidad de café. Declamaba sus estrofas
apoyándose en largos acordes. Este método de composición
provocaba la desesperación de los inquilinos del hotel, que a menudo
se despertaban sobresaltados»
Del libro LOS PECES NEGROS Luisa Etxenike (NARRATIVA 45)
Cuando me cambiaron al local del centro, empecé a fijarme en él.
Desde el mostrador podía controlar perfectamente el portal de su
casa. Salía siempre a la misma hora, un poco antes de que acabara
mi turno, pero un día se retrasó y le seguí.
Llamaba la atención por la ropa. A veces parecía salido de
la funda de un vinilo de los sesenta. Merseys o Sirex o Shadows. Otras veces
se vestía como los hombres en las películas en blanco y negro,
o en esas viejas fotos de familia, rígidas y como tostadas. Adultos
trajeados al borde del mar o en los parques, de la mano de niños
que siempre estaban comiendo.
Le seguí porque se me ocurrió que alguien que se vestía
de aquel modo iba a llevarme hasta un descubrimiento. Lo pensé prácticamente
así. Pero la razón ya era más concreta. Hasta aquel
momento yo sólo conocía el deseo sin curiosidad, y él
era las dos cosas al mismo tiempo. Por eso le seguí.
Del libro de Jean Remy - Liliane Voyé - "La Ciudad. ¿Hacia una nueva definición?"
Aun siendo una palabra de uso corriente, el término «ciudad» no deja de ser ambiguo. Alude, en efecto, a la vez a un concepto descriptivo que permite identificar una realidad material concreta y a un concepto interpretativo en la medida en la que evoca un conjunto de funciones sociales diversas, que hacen de la ciudad algo muy diferente a una empresa o a una escuela, por ejemplo. La importancia de esta distinción es esencial puesto que permite rechazar de entrada toda tentación de entrelazar automáticamente los dos niveles y abandonar la idea según la cual un modo de composición espacial, descrito en el plano de su materialidad, estaría ligado a un único tipo de interdependencia entre funciones o modos de vida.
Del libro El mito de Wu Tao-tzu de Sven Lindqvist
Un día, durante la dinastía Tang, el artista chino Wu Tao-tzu estaba contemplando un mural que acababa de terminar. De repente dio unas palmadas y las puertas del templo se abrieron. Entró en su obra y las puertas se cerraron de nuevo.
Se habla con frecuencia de «sentimiento en el arte, pero casi nunca de manera totalmente concreta. Sólo los niños muy pequeños suelen entender de lo que se trata. Yo creo que uno no ha «penetrado» en una obra de arte antes de haber cometido el pequeño error de confundir ficción y realidad. Este error lo he cometido yo muchas veces, especialmente en lo que se refiere a «el juego de abalorios».
En la Montaña Occidental, a las afueras de Pekín, hay una gruta con una escultura dorada de Buda. Se dice de su expresivo rostro que es el de una persona real a la que se ha cubierto con un fino velo de oro. El que escucha puede oír palpitar su corazón.
Desde esa leyenda habla el mismo sueño que el interior sea lo que solamente puede contemplarse desde el exterior. El arte no es más que una materia dorada pintada sobre la realidad para fijarla. Bajo la superficie hay una persona viva, envuelta y conservada por la dorada película.
Era mi propio corazón el que latía en su cuerpo. Por eso muchas veces me era difícil irme de allí.
Largo tiempo el flotante pájaro inmóvil de su rostro.
Largo tiempo esta dorada paz rodeándole dentro como bajo el párpado de un durmiente.
Del libro CIUDAD SUMERGIDA de Germán Yanke
Me mueve la envidia, no puedo ocultarlo. Comienzo a escribir empujado por ella, maldita compañera, para intentar demostrar que soy tan capaz como algunos de mis amigos, memorialistas famosos, de obtener algún fruto literario de las ocurrencias y de los acontecimientos cotidianos. A pesar de ello, debo intentarlo con una cierta modestia: ya que no me siento con fuerzas para mantener el aliento durante mucho tiempo, acepto quedarme en un simple recopilador de notas sueltas. Me disculpo a mí mismo pensando que las ciudades, de todos modos, son eso: notas sueltas, piezas de un puzzle que sólo en la cabeza o en el corazón de algunos adquieren sentido.
Mi vida, la verdad, es la de un oficinista (un poco ilustrado si se me concede, pero oficinista a la postre), y si de este empeño surge una chispa de interés, un instante en el que el lector no diga «bueno, ¿y qué?», tendrá que ser por la arquitectura, por el modo de construir una ciudad verosímil, sumergida en las palabras. No sería un logro despreciable, pero me temo que, con estos aires, ya he dado al traste con mi pretendida modestia.
Del libro FLYSCH de Kepa Murua
Fotografía de José María Álvarez
El azul descansa en la mirada de unos ojos que sienten la ocultación de la naturaleza, el sonido simulado del agua, la compleja fuerza del mundo subterráneo cuando la vista se posa en la piel como un hallazgo que el viento interroga a cada paso. Las arrugas de la tierra hablan de un rastro oscuro entre las sombras de la arena y la caliza del suelo. Hablan de un tacto cuando las horas brotan en la sed de las olas. Son puertas diminutas, cadenas que cubren ombligos secretos, signos que cruzan el tiempo perdido, brazos que desarman la solidez del pensamiento en un paisaje que surge de la tierra como una escultura inexistente en la ciudad del hombre.

Aristóteles - "Koloreei Buruz - Sobre los Colores"
"Se tratan en él, por ejemplo, elementos sobre los colores que también hallamos en otros escritos del filósofo: la naturaleza de los colores, sus causas naturales, su creación, los factores que, como el calor o la humedad, influyen en su constitución y variación..., son elementos considerados, en especial, en los Meteorológicos, donde se trata la presencia del color en fenómenos como el arco iris; en otras obras, como la Metafísica o Acerca del alma se subraya, por ejemplo, la importancia de los colores para la percepción de los propios colores y de los objetos cuyo cuerpo determinan, y cómo la ausencia de color hace que una cosa sea invisible.
FALLUJAH (Arte nº 12)
«Ésta es una extraña nueva clase de guerra en la que aprendes justo tanto como eres capaz de creer.»
Ernest Hemingway
«Y ¿cuándo no hay nada más? Existe un retrato de la desesperación hecho por Voltaire: la desesperación total del náufrago que mientras nada entre las olas y forcejea y se debate para salvar la vida recibe el mensaje de que este océano en el que se encuentra carece de una orilla y que la muerte es total y absoluta en el ahora en el que el náufrago se encuentra.»
Ernst Bloch
«Qué triste que no estemos alrededor de una mesa que amemos. Pero sólo hay media mesa ahora.»
André Breton
Los fantasmas de soldados americanos
vagan de noche por las calles de Bagdad,
sin saber muy bien el camino a casa, exhaustos,
con el viento del desierto arrastrando basura
por los callejones mientras una voz
suena desde el minarete, una llamada conmovedora
que les recuerda lo solos que están,
lo perdidos. Y los iraquíes muertos
en silencio observan desde tejados
mientras las siluetas de palmeras bordean la orilla,
inclinándose hacia la Meca cuando el viento sopla de madrugada.
Brian Turner
«Hay dos formas de enfrentarse a la vida: pisando cristales con pies desnudos o mirar al sol con los ojos abiertos.»
Luís Cernuda
«Tiene que existir grandeza en una pintura que con tanta eficacia subsume el pasado en el servicio del futuro.»
Joseph Masheck
«Por su transparente dolor, por la fuerza de su diálogo con la Historia y, en definitiva, como diría mi admirado amigo José Saramago, por su interlocución con el error humano, Fallujah tiene la sobria solemnidad de los tiempos adversos, expresada con una luz contemporánea y con la voz de la poesía. Fallujah es la tempestad del verso.»
Fernando Gómez Aguilera
«Siempre he sido un exiliado.»
Picasso
Nada salvo dolor queda aquí,
nada salvo balas y sufrimiento,
y los que se desploman desangrándose.
Y todas las mierdas y porquerías.
Y el Jesucristo de los heridos.
Nada queda aquí salvo el dolor.
Brian Turner
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